| Fecha:
13/11/2004
Señor coronel:
Estará
hoy más tranquilo, imagino, después
de que logró desmontar el juicio
político que intentó armar
la oposición en su contra.
Por
lo pronto, el barco no hace agua. No obstante,
desde lejos se ven los infaltables nubarrones:
la debilidad de la alianza de fuerzas que
lo apoyan ahora, y la importancia que está
adquiriendo el bucaramismo en su régimen.
Estos temas parecen más interesantes
para la opinión pública que
el anuncio de reformas de la Función
Judicial que se ha hecho, aunque están
muy relacionados.
Miro
hacia atrás, señor coronel,
y lo veo, primero lidiando con sus aliados
indígenas, después con los
socialcristianos, ahora con bucaramistas
y noboístas bananeros, más
los calificados con el eufemismo de ‘independientes’.
En las tres circunstancias lo observo débil
y apurado, a pesar de que en la primera
quizá pudo resolver mejor los conflictos
que se le planteaban a su Gobierno. Débil
porque en todos los casos depende mucho
de terceros y de las condiciones que ellos
le imponen. Es muy diferente a la situación
que tuvieron otros presidentes, apoyados
por partidos políticos más
estructurados que el suyo y con representaciones
legislativas ‘propias’ más
numerosas. Y nada indica que en el futuro
no le seguirá afectando este síndrome
de presidente náufrago, que no tiene
más que agarrarse de cualquier cosa
que flota para no irse al fondo.
En
esta circunstancia, mi apreciación
es que no podrá impulsar seriamente
una reforma política, y si lo hace,
será con enormes dificultades, por
las discrepancias represadas en los partidos
que lo están apoyando ahora. Se podría
pensar que únicamente el bucaramismo
tomará con entusiasmo un cambio en
las Cortes, porque allí hay un objetivo
concretísimo y público: el
retorno del ex presidente Abdalá
Bucaram, atrapado por lo pronto en una jaula
jurídica que lo mantiene en el autoexilio,
jaula que solo podría abrirse si
se desmontara la Corte Suprema controlada
por el Partido Social Cristiano, y, por
ese medio, por el hígado del ex presidente
León Febres Cordero.
Pero,
le pregunto: ¿el bananero Álvaro
Noboa estará dispuesto a contribuir
con los votos de su partido para ese fin?
Me parece muy improbable, por los apetitos
presidenciales de ese personaje, que disputa
básicamente el mismo electorado que
tiene el bucaramismo.
Esto
quiere decir que las presiones de Abdalá
Bucaram sobre usted serán más
frecuentes y más fuertes. Por lo
pronto, ya le ha lanzado un puntillazo a
su flamante ministro de Gobierno, Jaime
Damerval. Ha dicho: “espero que no
se convierta en otro instrumento del febresborjismo,
como lo fue Baca Carbo”. Se lo traduzco:
el apoyo del PRE no es incondicional, depende
de lo que haga o deje de hacer el ministro
de Gobierno, en esta desagradable tarea
de abrir el camino para el regreso del ex
presidente.
Pero
esa no será la única cuestión,
aunque es la más importante. La otra,
como ya se ha dicho, es la toma del control
del Congreso Nacional, que debe remozar
las dignidades el 15 de enero. Aquí
el dilema es muy simple: el futuro presidente
del Congreso responderá a usted o
responderá a Abdalá Bucaram,
un matiz importante que se debe considerar.
Claro, siempre y cuando sus aliados logren
vencer en el debate jurídico, pues
la Izquierda Democrática quiere repetir,
con el argumento de que en el primero período
reemplazó a la primera mayoría
(la socialcristiana) que se negó
a proponer un candidato, y que ‘ahora
sí’ es el turno de los socialdemócratas.
Hasta
el próximo sábado.
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