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Contrapunto de Diego Cornejo Menacho
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Quito- Ecuador
CONTRAPUNTO
Por Diego Cornejo Menacho

Fecha: 04/03/2006

El ex presidente Lucio Gutiérrez, coronel del Ejército, fue puesto en
libertad, ayer, por decisión del presidente de la Corte Superior de Quito,
Fernando Casares.

Permanecía detenido luego de un patético periplo por el Brasil y Colombia, países cuyos gobiernos le otorgaron generosos asilos, tras admitir su argumentación de que era un perseguido político. Ahora, la decisión del juez le permitirá atornillarse a un crucifijo plegable para iniciar su campaña electoral, ya que es conocido que pretende regresar al poder del Estado ganando las próximas elecciones de 15 de octubre y 26 de noviembre.

Si el electorado alguna vez eligió alguien como una forma de dar un pésame, ¿por qué no va a elegir a una "víctima" de los políticos, de los medios de información y de los "forajidos"?, pensará Gutiérrez. ¿Por qué no, se preguntará, con otras palabras, claro, hasta suprimir todas las dudas, si, el Ecuador padece de Alzheimer y desmemoria incurable? Es muy probable que consiga (si no cuenta ya con) el apoyo del bucaramismo, por cuyo polémico líder puso en riesgo su Gobierno y, finalmente, cayó en abril de 2005, por acción contundente, pero pacífica, de la ciudad de Quito levantada y enardecida, tras haber sido lastimada en su dignidad por Abdalá Bucaram, el "Pichi" Castro, la mayoría legislativa de esos tiempos y de quien, en algún momento, se calificó de "dictócrata", para menospreciar a quienes lo criticaban por abuso del poder.

Lucio Gutiérrez, el político, representa la peor versión de un militar convertido a la política luego de una preparación institucional recibida en centros castrenses donde dictaba -o dicta- clases el actual ministro de Gobierno, Alfredo Castillo, y otros personajes de pensamiento "sanforizado". Pero no solamente es un producto con falla de esa academia. Lo es, también, de una deformación profesional, por la cual un soldado de alta graduación, de repente, se ve en el espejo y ve, allí, la imagen de un salvador, de un voluntarioso que también al mirarse las manos encuentra en ellas la solución para los problemas de un país atrasado, tomado por la corrupción y herido por la pobreza. Si, a ello, sumamos su experiencia como attaché militar de
Abdalá Bucaram y de Fabián Alarcón, fue inevitable que tuviésemos el presidente que tuvimos entre el 15 de enero de 2003 y el 20 de abril de 2005, que llegó al poder con el apoyo de muchos de los que finalmente lo derrocaron.

Ahora, libre, puedo imaginar que su particular visión de la política estará "corregida y aumentada" y es posible que hoy mismo pretenda reclamar que el presidente Alfredo Palacio le "devuelva" el poder. En varias declaraciones ha dicho que considera un usurpador y un traidor a quien fue su compañero en la papeleta electoral y su vicepresidente.

En estas circunstancias, en que la libertad de Lucio Gutiérrez es un ingrediente añadido a la precampaña electoral, puedo imaginar que los llamados "forajidos" tendrán atravesado el huesillo del desengaño como un cólico miserere. Las familias enteras que noche tras noche, a día seguido lucharon contra él en Quito, ¿qué dirán? ¿Se preguntarán si valió la pena tanta constancia, aguantar tantas bombas y patadas, valió algo tanta convicción, tanta creatividad, tantos lemas inventados, tanta inteligencia y tanto humor colectivo? ¿Podrán digerir el fallo del juez, sin ver allí la impunidad sonriendo como una puta obscena? ¿Querrán repetir con César Vallejo?: "Confianza en muchos, pero ya no en uno;/ en el cauce, jamás en la corriente;/ en los calzones, no en las piernas/ y en ti solo, en ti solo, en
ti solo".

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